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21 de septiembre. Día mundial de la enfermedad de Alzheimer

Alzheimer
Considerada la nueva epidemia del siglo XXI, desde 1994 se conmemora el Día Mundial del Alzheimer para concientizar sobre la enfermedad, ayudar a quienes la padecen y sus familiares y reforzar la lucha contra ella.

Casi todos tenemos algún familiar o conocido que padeció o padece el mal de Alzheimer. Cada año se registran casi 10 millones de nuevos casos en todo el mundo, con una población total de 47 millones de personas que padecen la enfermedad.

El Alzheimer es la forma más extendida de demencia, es decir, de la pérdida -progresiva pero inexorable- de habilidades intelectuales que interfieren directamente con la autonomía y calidad de vida de quien lo padece. Como en la mayoría de los casos los pacientes viven con algún familiar, la enfermedad afecta indirectamente a las personas cercanas, y es tan importante el tratamiento de quien la padece como el acompañamiento de sus seres queridos.

Aunque afecta principalmente a personas de edad avanzada, no se trata de una consecuencia normal de la vejez, sino que tiene causas que, a pesar de la investigación existente hasta el momento, todavía no han sido descubiertas.


Un poco de historia

Aunque ya desde la antigüedad se asoció la vejez y la demencia, no fue sino hasta 1906 que se realizó el primer diagnóstico de este mal. El doctor Alois Alzheimer venía siguiendo desde 1901 el caso de una mujer de 51 años que presentaba una serie de síntomas peculiares: inexplicables celos de su marido, pérdida de memoria, paranoia, desorientación en tiempo y espacio, delirios y alucinaciones. Al morir la paciente, Alzheimer realizó un examen de su cerebro y descubrió alteraciones muy características en el citoesqueleto. A raíz de la publicación de sus resultados, inmediatamente comenzaron a reportarse casos similares y la enfermedad fue bautizada con el nombre de su descubridor.

Hasta mediados de la década de 1970, el diagnóstico estaba reservado a casos de personas mayores de 45 años, porque se consideraba que era un efecto del envejecimiento. Sin embargo, se ha descubierto que su presencia no es producto de la edad, y que puede observarse en cualquier persona que presente la sintomatología característica.


¿Cuáles son sus síntomas?

La enfermedad se desarrolla a lo largo de tres etapas. Es importante conocerlas y prepararse, tanto para una detección temprana de la enfermedad como para un cuidado correcto del paciente.

- La primera etapa suele pasar desapercibida, puesto que se trata de pequeños signos que pueden confundirse con indicadores de stress o simples distracciones:

o Pequeños olvidos, fundamentalmente vinculados a la vida cotidiana, como no recordar dónde están las llaves o la billetera.

o Pérdidas de la noción del tiempo, que se pueden manifestar en un paseo que se consideró cortó pero en realidad duró varias horas.

o Desorientación espacial, incluso en lugares conocidos; por ejemplo, la persona puede salir a realizar un trámite y perderse en el camino de regreso.

- En la etapa intermedia estos síntomas se hacen más frecuentes y evidentes. Las personas afectadas:

o Olvidan acontecimientos recientes, incluso los nombres de personas más o menos cercanas.

o Se desubican en su propio hogar, y no lo reconocen.

o Tienen dificultades cada vez más importantes para comunicarse con los demás.

o Necesitan ayuda para su limpieza personal.

o Sufren cambios de comportamiento; pueden empezar a vaciar todos los cajones de un armario o preguntar una y otra vez lo mismo.

- Finalmente, la etapa tardía se caracteriza por una dependencia total de los demás, incluyendo síntomas físicos, además de los mentales:

o La desubicación espaciotemporal es constante.

o No reconoce a familiares y amigos cercanos o los confunde con otras personas.

o Tiene dificultades para caminar y moverse.

o Las alteraciones bruscas de ánimo y comportamiento pueden incluir agresiones hacia sus seres queridos.


¿En qué se ha avanzado?

Aunque hay muchas investigaciones al respecto, tendientes sobre todo a mejorar el diagnóstico temprano de la enfermedad, la verdad es que sigue siendo una enfermedad sobre cuyas causas no hay consenso, que es incurable y terminal.

Los tratamientos actuales son mixtos, incluyendo medicación e intervenciones psicosociales. En ambos casos, se busca mitigar lo más posible los efectos de la enfermedad en el paciente y en quienes lo rodean. Sabiendo que no se podrá curar, estas estrategias están orientadas a mejorar la calidad de vida y tratar de preparar mejor a todos los involucrados para el avance de la enfermedad.

Por eso es importante, además del tratamiento del paciente, cuidar a quienes los cuidan. Existen asociaciones de familiares de enfermos de Alzheimer que brindan apoyo, información y ayuda para atravesar el camino difícil de la enfermedad.


“Sigo siendo yo”

Este 21 de septiembre, asociaciones y ministerios de salud de todo el mundo volcarán sus campañas al lema elegido para 2017: “Sigo siendo yo”. El mensaje estará orientado a tener en cuenta las necesidades y deseos de los pacientes, especialmente durante las primeras etapas de la enfermedad, cuyas inquietudes, experiencias, gustos y opiniones deberán ser tenidas en cuenta para planificar cualquier tratamiento destinado a ellos.