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Alimentos orgánicos: mitos y verdades

Alimentos orgánicos: mitos y verdades
¿Qué tan saludable es la alimentación saludable? Sabemos que debemos consumir frutas y verduras, integrándolas a una dieta balanceada; pero ¿sabemos de dónde vienen esas frutas y verduras, cómo fueron cultivadas, qué productos químicos fueron empleados en el proceso? La producción a gran escala de alimentos incluye el empleo de agroquímicos, en el caso de los vegetales, y antibióticos y hormonas, en el caso de los animales.

Los alimentos orgánicos son la respuesta de muchos productores y usuarios a la producción masiva de alimentos, puesto que son elaborados de manera natural, sin el empleo de productos químicos ni métodos artificiales. En general se distribuyen en pequeños puntos de venta minorista, como las ferias orgánicas, o redes de productores, generalmente a través de redes sociales como Facebook.

Aunque estos alimentos no usen productos químicos, su producción es siempre de pequeña escala; de allí que sean más caros, llegando a costar incluso el doble que el resto. Sin embargo, aunque se presente como una suma de pequeños productores e iniciativas minoristas, el mercado global de alimentos y bebidas orgánicas fue estimado en U$S 70.000 millones en 2012 y nos interpela como consumidores. ¿Vale la pena el tiempo y el dinero de conseguir vegetales, carnes y bebidas orgánicas? ¿Cuáles son, realmente, sus ventajas y cuáles no son más que mitos? Aquí hay algunas respuestas.

- Mito. Los alimentos orgánicos ayudan a bajar de peso. Aunque quisiéramos bajar de peso sólo con cambiar de carnicería, la verdad es que el hecho de no usar productos químicos no tiene ninguna incidencia en el contenido calórico de los alimentos. En muchos casos, la decisión de comprar productos orgánicos está asociada a otros cambios alimenticios, por ejemplo, reduciendo harinas o azúcares agregadas. En estos casos, el peso baja por la modificación de la dieta, pero no por sustituir manzanas producidas convencionalmente por manzanas producidas de manera natural.
- Mito. Los alimentos orgánicos tienen mejor sabor. El empleo de agroquímicos en la producción de vegetales no tendría por qué afectar su sabor. Son otros los factores que influyen en este aspecto, desde el marketing hasta las condiciones ambientales, la calidad del suelo, la maduración en la planta, etc. Si comparamos un “pollo de campo” con un “pollo de granja”, seguramente encontremos que el primero es más sabroso debido a su alimentación y a que se ejercita libremente. Pero esto no significa que sea “orgánico”; por el contrario, es posible que haya recibido antibióticos o vacunas que, sin modificar su sabor, lo preservan.
- Verdad. Los alimentos orgánicos son más saludables. Esta es la principal causa por la que son consumidos y, efectivamente, se ha demostrado que poseen una cantidad sustancialmente mayor de antioxidantes que los convencionales (entre un 19% y un 69%). También tienen un contenido significativamente menor de metales pesados y pesticidas, debido a que no los reciben directamente (aunque se encuentren presentes en el suelo o el agua de riego). Es cierto que no se ha realizado todavía ningún estudio que demuestre los efectos de su consumo en la disminución del riesgo de adquirir enfermedades crónicas. Sin embargo, los resultados obtenidos permiten prever un impacto positivo que se verificará en el futuro.
- Verdad. Los alimentos orgánicos tienen un menor impacto ecológico. Toda agricultura impacta en el medioambiente porque es diseñada por el ser humano, que decide destinar lotes a un único cultivo, organizarlo de determinada manera y someterlo a un régimen de riego y cuidado especial. Sin embargo, los pesticidas artificiales empleados en la producción convencional de alimentos no sólo dejan residuos tóxicos en los productos, sino que también contaminan el suelo y el agua empleados, generando efectos de largo plazo. También el tamaño de la producción incide en el impacto ambiental, puesto que los cultivos orgánicos se producen en menor escala, modificando menos la biodiversidad de una región.

En suma, si bien no son la panacea que sus defensores defienden, los alimentos orgánicos tienen beneficios indudables tanto para los consumidores como para el medio ambiente. Aunque el precio y la disponibilidad pueden ser un problema, es posible hacer una incorporación limitada de este tipo de productos, por ejemplo incluyendo una o dos porciones orgánicas en la dieta diaria.