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Brad Pitt dejó el alcohol: ¿por qué es tan difícil?

Alcoholismo
Las recientes declaraciones del actor acerca de su adicción revelan un problema más extendido de lo que se cree. Las razones de una enfermedad silenciosa.

Después de treinta años de consumo diario y problemático de alcohol, el actor norteamericano Brad Pitt decidió tomárselo en serio. Más allá de que hubiera sido el verdadero motivo de su separación de Angelina Jolie, el actor comenzó hace seis meses un tratamiento de sobriedad que ha cambiado su vida: desde el jugo de arándanos hasta sus propios sentimientos, todo parece haber cambiado en la vida del actor de 53 años: “no recuerdo haber pasado un día, desde que terminé la universidad, sin fumar un porro o tomar unos tragos”.

Su caso no es una excepción; se trata de uno de entre las millones de personas que sufren el alcoholismo en todo el mundo: 17 millones en Estados Unidos, 4,5 millones en nuestro país. Sin embargo, son muy pocos los que efectivamente enfrentan su problema y dejan de beber.

La mayoría de las adicciones son difíciles de superar, tanto por motivos químicos como psicológicos, y su superación depende de diversos factores, incluyendo allí el tiempo y la intensidad de consumo. De esta dificultad no escapa nadie. Ni siquiera Brad Pitt.

¿Por qué es tan difícil? Tres cambios en el cerebro

El alcohol estimula la producción de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor vinculado al placer y los mecanismos de recompensa como el sexo. Al hacerlo, el interés del individuo por la bebida aumenta, estimulando nuevamente la producción de este químico. En consecuencia, el cerebro interpreta el proceso químico de producción de dopamina como si fuera una auténtica experiencia placentera, asociando la bebida con el placer.

Con el tiempo, la persona que bebe en exceso sufre un segundo cambio: el cerebro se acostumbra a esa cantidad de dopamina y las cantidades habituales de alcohol no son suficientes para lograr la recompensa habitual. Esta mayor tolerancia lleva a una conducta de aumento de consumo: es el pasaje de “disfrutar” de una bebida a convertirse en alcohólico.

Finalmente, la exposición repetida y prolongada al alcohol lleva a otro cambio cerebral: el efecto depresor de la sustancia es compensada por el aumento de la actividad del glutamato, que produce excitación. De allí que la persona adicta experimente una situación de desasosiego constante que la lleva a no dormir bien, a sentirse ansiosa y a buscar en la bebida un efecto sedante que le permita estar más tranquila. En síntesis: el consumo produce una ansiedad que se busca calmar con más consumo.


Romper con la adicción

El tiempo de exposición a la sustancia y los efectos químicos que produce pueden dejar una profunda huella en el cerebro de las personas, además de hábitos y formas de conducta, al punto que deben dejar de beber alcohol por el resto de sus vidas. Desde motivos genéticos hasta familiares, interpersonales y culturales, se trata de una adicción compleja y multidimensional. En cualquier caso, nunca es tarde para iniciar un tratamiento personalizado, que generalmente involucra una combinación de medicación y psicoterapia.