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Hepatitis C

La hepatitis C es una enfermedad infectocontagiosa, viral, que afecta al hígado. Ocurre cuando la sangre de un infectado entra en el organismo de una persona no infectada.

De cuadro variable, puede ir desde un padecimiento leve hasta una grave enfermedad de por vida. De distribución mundial, se calculan entre tres y cuatro millones de nuevos infectados por año, 150 millones de enfermos crónicos y 350.000 muertes anuales por enfermedades vinculadas. En la Argentina se estima que afecta a 600.000 personas, 240.000 con cuadros avanzados.

¿Cómo se transmite?
  • Al recibir transfusiones de sangre o de derivados sanguíneos contaminados.

  • A través de injertos de órganos contaminados.

  • Por inyecciones aplicadas con jeringas contaminadas.

  • En el personal de la salud, por pinchazos con agujas contaminadas.

  • Por la utilización de drogas inyectables.

  • Cuando la embarazada padece la infección y contagia al recién nacido.

  • Al tener relaciones sexuales con una persona infectada, pero este es un mecanismo poco frecuente de contagio.

¿Cómo no se transmite?

La infección no se transmite por la leche materna, los alimentos ni el agua; tampoco por el contacto social que implican los besos y abrazos o el compartir alimentos o bebidas con una persona infectada.


Cuadro clínico

La hepatitis C tiene un periodo de incubación que dura entre 2 semanas y 6 meses. Después de la infección inicial, aproximadamente el 80% de las personas no manifiesta síntoma alguno durante mucho tiempo (por esta razón tiene el mote de asesino silencioso). Hasta que en algún momento, para la mayoría de los infectados, se instala la patología hepática crónica.


Diagnóstico

Al no haber síntomas, no hay diagnóstico. Lo que trae aparejado dos riesgos: el de la progresión silenciosa de la enfermedad y el del contagio al no tomar precauciones por desconocimiento.


El diagnóstico se basa en análisis de sangre que buscan la presencia de anticuerpos contra el virus. Se aconseja realizarlos a toda persona que:
  • Haya recibido sangre, productos sanguíneos u órganos antes de que se implantaran las pruebas de tamizaje del virus de la hepatitis C, o viva en lugares donde la realización de dichas pruebas todavía no está generalizada.

  • Se inyecte o se haya inyectado drogas (aunque haya sido hace muchos años).

  • Reciba hemodiálisis crónica.

  • Forme parte del personal sanitario.

  • Esté infectada por el VIH.

  • Padezca enfermedades hepáticas o presente pruebas funcionales hepáticas alteradas.

  • Sea recién nacido de mujeres infectadas.

Tratamiento

No siempre la hepatitis C requiere tratamiento. Hay que identificar previamente al tipo de virus productor y a partir de allí definir la conducta terapéutica. Los tratamientos son largos, costosos, tóxicos, pero con tasas de curación que hoy con las nuevas formulaciones están alrededor del 70%. Y se espera que en el corto plazo se alcance el 100% de eficacia.


Prevención

No habiendo vacunación, la prevención se basa en evitar las situaciones de riesgo ya descriptas, y someterse a las pruebas de detección ante cualquier sospecha. Para los ya infectados, vacunarse contra las hepatitis A y B para evitar la coinfección, y buscar rápidamente la atención médica adecuada.


Rp./Salud


Fuentes: Organización Mundial de la Salud.