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Las mujeres en el trabajo: desigualdad y violencia

Las mujeres en el trabajo: desigualdad y violencia
El 3 de junio, con la consigna “Ni una menos”, una impresionante manifestación de casi medio milón de personas reclamó, en la Plaza del Congreso, en contra de la violencia contra la mujer. Seis meses más tarde, muchos reclamos e interrogantes siguen abiertos.

La situación era crítica: los diarios mostraban, casi a diario, que una mujer moría en nuestro país a causa de su género. Frente a esta realidad atemorizante, un grupo de periodistas y figuras públicas convocó, a través de medios y redes sociales, a una marcha que dijera basta. El hashtag #niunamenos, los retweeets y las adhesiones de políticos y famosos ayudaron a difundir la convocatoria.

La falta de impacto real en las políticas, sin embargo, se balancea con un aumento de sensibilidad cultural frente al tema. En conversaciones cotidianas y medios de comunicación, ya se han desplazado términos como “crimen pasional” o “violencia doméstica” para ser comprendidos como hechos de violencia de género. También ha aumentado el número de denuncias por el tema, lo cual indica una mayor conciencia de parte de las víctimas, aunque no siempre reciban la respuesta que necesitan.

La violencia física, que es la más asociada a la violencia de género, no es, sin embargo, su única manifestación. Por el contrario, las situaciones de humillación, menosprecio, acoso y desigualdad de oportunidades son otras formas de violencia contra las mujeres, muy frecuentes pero poco discutidas. Uno de los ámbitos en los que se producen estas situaciones es el lugar de trabajo.

En efecto, las mujeres han avanzado enormemente en las últimas décadas, incluso sobre puestos políticos habitualmente monopolizados por varones: tres de los países más importantes de nuestra región, Argentina, Brasil y Chile, son presididos por mujeres. En el ámbito laboral, sin embargo, no parecen ser tratadas del mismo modo que los varones. Según datos de la EPH de 2013, el salario promedio de las mujeres era de $3501 por mes, mientras que el de los varones era de $4699. Si nos referimos exclusivamente al empleo registrado en el sector privado, las mujeres cobraban $7458, un 24,8 % menos que sus compañeros, que recibían un promedio de $9918.

Además de esta situación de desigualdad salarial, hay otras formas más explícitas de violencia: nueve de cada diez mujeres afirma haber sido víctima de acoso sexual o psicológico en su trabajo. Muchas prácticas machistas, que antiguamente se veían simplemente como de mal gusto, hoy día son reconocidas como formas de agresión de género: chistes obscenos, contacto físico no deseado, miradas o gestos de contenido sexual. En muchos casos, estas situaciones generan miedo o vergüenza en las mujeres acosadas, impidiendo la denuncia y su defensa.

Es importante, entonces, generar una dinámica de trabajo atenta a la igualdad de géneros y especialmente sensible a la defensa de las mujeres frente a prácticas que no por ser extendidas son menos cuestionables. Muchas veces las víctimas del acoso se muestran ausentes y distantes, replegadas sobre sí mismas por vergüenza o miedo a no ser creídas. Necesitamos, entonces, producir ámbitos de igualdad y respeto para prevenir la violencia, pero también mecanismos de contención y atención a las mujeres, para su defensa.

En tal sentido, el Ministerio de Trabajo ha habilitado una línea telefónica gratuita para denunciar el acoso laboral: 0800-666-4100, además de la dirección de e-mail: violencia-laboral@trabajo.gob.ar.


25 de noviembre: día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer


Desde el año 1999, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) organiza todos los 25 de noviembre el día para la eliminación de la violencia contra la mujer. La fecha fue propuesta por República Dominicana para conmemorar el asesinato de tres mujeres, las hermanas Mirabal, por orden del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. La Asamblea de la ONU de 1993 definió la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”. Las situaciones de violencia, física o simbólica, son perceptibles en todos los ámbitos de la actividad de las mujeres, incluyendo el trato discriminatorio en el lugar de trabajo.

En la actualidad, este tipo de violencia es considerado una violación a los derechos humanos, una verdadera pandemia humanitaria que afecta al 35% de las mujeres de todo el mundo, cifra que en algunos países alcanza al 70% de la población femenina. Cada año, la ONU lanza una campaña destinada a generar conciencia y favorecer condiciones de acción concreta para que tanto las poblaciones como los Estados se comprometan en la lucha contra la violencia de género.