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Sobrevivir a las fiestas en la oficina

Sobrevivir a las fiestas en la oficina
Desde la diversidad de creencias religiosas, hasta los riesgos de un brindis que se sale de control, las fiestas nos obligan a pensar en nuestros compañeros y empleados. ¿Qué celebrar? ¿Cómo? ¿Para qué? Te damos algunas ideas para que las fiestas sean una celebración para todos, y no un dolor de cabeza.

Las tradiciones son importantes en cualquier organización: refuerzan el sentido de pertenencia, los equipos se consolidan por las experiencias compartidas y los lazos de confianza que pueden surgir de una situación más descontracturada e informal. Aunque es importante respetar la diversidad de creencias, evitando poner énfasis en las fiestas religiosas, el final del año es motivo suficiente para celebrar.

También suelen sumar algo de stress para la organización y sus miembros: ¿es obligatorio ir? ¿puedo descontracturarme realmente? ¿quién organiza? Para sobrevivir a las fiestas, te presentamos estas ideas:

- Formen un grupo específico para la organización del evento. A menudo una Pyme no puede contratar un servicio completo, o tiene que buscar y comparar presupuestos por toda la ciudad para que den los números. Es conveniente, entonces, formar un grupo pequeño pero eficaz, en la medida de lo posible con representantes de todas las áreas de la organización, que se encargue de organizar el evento. Además, los vínculos se fortalecen con el tiempo y las experiencias compartidas: si es posible, mantengan el mismo grupo cada año, que de este modo va a tener la motivación extra de superarse a sí mismo.

- La diversidad es siempre positiva y hay que aprender a aportar lo mejor de cada uno. Es importante, por ejemplo, que haya organizadores de distintas edades para que todo el personal pueda sentirse parte: algo demasiado tradicional o demasiado novedoso puede dejarnos afuera de un festejo para todos. Lo mismo sucede con otros grupos que tienen necesidades y gustos diferentes: si sólo servimos sandwiches de carne, podemos dejar afuera a los vegetarianos; si servimos pizza de jamón y queso, podemos dejar fuera a las personas que no comen cerdo. En una sociedad diversa, es necesario prestar atención e incluir las diferencias.

- Planifiquemos y negociemos el tiempo con anticipación. La fiesta de la empresa suele tener lugar fuera del horario laboral y, aunque no es de asistencia obligatoria, podemos sentirnos presionados a ir, aún contra nuestra voluntad. Es por ello que conviene organizarla con tiempo, atendiendo a los tiempos y compromisos de cada uno. Después de todo, su finalidad es mejorar el espíritu de equipo y disfrutar un tiempo diferente, no crear resentimientos y enojos.

- Ojo con los regalos. En muchas organizaciones se estilan los regalos anónimos, como el Amigo Invisible. En estos casos, es importante que los participantes se sientan cómodos con la idea y no obligados a hacerlo. Para que funcione hay que organizar con tiempo, fijar un límite monetario que permita hacer un regalo simbólico pero atractivo y conocer los hobbies, gustos o preferencias de los compañeros de trabajo. Los regalos en el lugar de trabajo, si no se administran con inteligencia, pueden llegar a ser un problema si producen envidias o competencia entre pares. Si no querés dejar de regalarle esa botella de vino a alguien, es mejor que lo hagas en privado y no adelante de toda la oficina.

- Respetemos el entorno de trabajo. En definitiva, mañana volveremos a encontrarnos en nuestros lugares de siempre, haciendo nuestras tareas habituales. El exceso de decoración, la toma de demasiadas libertades, los excesos con el alcohol pueden traernos más problemas que beneficios en las fiestas de la oficina. Festejemos, pero sin olvidar que estamos en nuestro trabajo, rodeados de compañeros, jefes o subordinados que seguiremos viendo todos los días.