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Solidaridad y voluntariado: hagamos algo por quien está a nuestro lado

Solidaridad y voluntariado
Pensemos en cualquier día de la última semana: ¿cuántas veces hicimos algo por alguien? No tiene que ser un amigo, nuestra pareja o un familiar; ni siquiera tiene que ser alguien que nos caiga especialmente bien. En realidad, es casi un instinto: al ver a una persona mayor que sube al colectivo, nuestro primer impulso es darle el asiento. Podemos luchar contra ese impulso, haciéndonos los dormidos o concentrándonos en el teléfono; pero esa lucha nos lleva esfuerzo, nos desconcentra y, en definitiva, nos hace sentir que estamos obrando “mal”. Para algunos filósofos, como Tzvetan Todorov, la solidaridad es justamente un principio de la moral natural del hombre, que se encuentra en la base misma de nuestra identidad como especie. Su razonamiento es muy sencillo: el egoísmo destruye a quienes nos rodean, y nuestra felicidad (y nuestra supervivencia), en cambio, depende de ellos.

La solidaridad, entonces, es esa propiedad que comparten los miembros de una comunidad que los lleva a considerarse esencialmente iguales, mutuamente dependientes y que, en consecuencia, genera una obligación de cada uno hacia los demás. De allí que constantemente realicemos pequeñas acciones solidarias, destinadas en su mayoría a quienes se encuentran más cerca de nosotros: lavamos los platos de todos los comensales; ayudamos a alguien a realizar una tarea; manifestamos nuestro apoyo a alguien que lo necesita.

Ahora bien, existe otra dimensión de la solidaridad que tiene un alcance mayor. Su objeto no son quienes nos rodean sino otros, más lejanos pero con quienes también nos unen los lazos de sabernos semejantes. Este tipo de acción solidaria depende de una organización que la haga posible y la sostenga: por una parte, gracias a la donación de dinero y objetos; por otra parte, gracias a la donación de tiempo y trabajo que realizan los voluntarios.


El voluntariado y las nuevas formas de solidaridad: menos tiempo, más impacto


El trabajo voluntario es una expresión solidaria que mantiene funcionando a decenas de entidades sin fines de lucro en nuestro país. Una encuesta realizada por la consultora TNS en enero de 2014 mostró que la cantidad de argentinos que realizan trabajo voluntario alcanzó su nivel más bajo desde 1997, llegando apenas al 13%. Algo semejante ocurre con aquellos que realizan donaciones de dinero a entidades sin fines de lucro, que sólo representan el 20% de la población.

Esta realidad estadística tiene distintas interpretaciones. Por un lado, algunos sociólogos sostienen que las tasas de participación en tareas solidarias dependen de la percepción del bienestar social. De allí que en contextos de evidente crisis social y económica aumente el trabajo voluntario; para el caso argentino, en 2002 había un 35% de personas que realizaba este tipo de actividades.

Por otro lado, algunos especialistas observan cambios en las maneras de participar. Juan Carr, presidente de Red Solidaria, afirma que, aunque sea menor la participación sostenida en instituciones, hay una mayor cantidad de acciones solidarias con un impacto potencialmente mayor. Así, la noticia de una persona perdida es difundida rápidamente y con un esfuerzo ínfimo por miles de personas a través de redes sociales como Facebook o Twitter. Los donantes de sangre se han duplicado y, al igual que los donantes de órganos, han alcanzado en la actualidad un record histórico. Como el tiempo es cada vez más escaso –y, por ello, más valioso-, las acciones solidarias parecen buscar una maximización del impacto con el mínimo de costo.

Las nuevas Organizaciones No Gubernamentales han advertido este cambio y apuntan ahora a que todos podamos participar con el poco tiempo que tengamos. El surgimiento de redes solidarias, que reúnen información de distintas ONGs y permiten acceder rápidamente a sus campañas y maneras de colaborar, es un fenómeno que va en esta dirección, e incluye organizaciones como Red Solidaria, Quiero Ayudar e Incluitter, entre otras.


Solidaridad en la empresa

El trabajo es un buen lugar para realizar iniciativas solidarias en las que, con poco esfuerzo, podemos ayudar a diversas instituciones:

- La Fundación del Hospital Garrahan tiene actualmente tres programas de reciclado: de papel, tapitas plásticas y llaves. Distribuye cajas especiales para recibir donaciones de cualquiera de estos materiales en consorcios, empresas o instituciones de otro tipo (por ejemplo, educativas). Es muy fácil ponerse en contacto y la propia fundación se encarga de distribuir y recolectar el material para su reciclaje.

- Los equipos informáticos que dejan de utilizarse en las oficinas pueden ser donados para su acondicionamiento y reutilización. Para ello existen algunas fundaciones especializadas como E-basura, de la Universidad de La Plata, y la fundación Equidad.

- El mobiliario de oficina también puede ser aprovechado por entidades sin fines de lucro. Dos de las organizaciones más conocidas en este sentido son el Ejército de Salvación y Emaús, quienes se encargan de recoger muebles y electrodomésticos, reacondicionarlos en sus propios talleres y distribuirlos o venderlos para sostener sus diversas iniciativas solidarias.

- La Universidad de San Andrés ha realizado una completa guía que contempla los aspectos impositivos y administrativos para la realización de donaciones por parte de empresas.