BLOG
BUSCADOR
NEWSLETTER

Suscribite y mantenete informado sobre temas vinculados a salud

CERTIFICADOS DE NORMAS
 
Somos la única compañía de medicina laboral con doble certificación de normas. Mirá nuestros certificados.

¿Puede el estrés causar Alzheimer?

 ¿Puede el estrés causar Alzheimer?
Un estudio reciente de la Universidad de Florida parece indicarlo.

El mal de Alzheimer, o demencia senil, es una enfermedad degenerativa que ataca las células nerviosas del cerebro produciendo un progresivo deterioro cognitivo y una disminución de la masa cerebral. Sus primeros síntomas pueden confundirse con la vejez o el estrés de una persona normal, puesto que suelen ser pequeñas desorientaciones temporales o espaciales y episodios de pérdida de memoria. Con el tiempo, sin embargo, el deterioro intelectual se hace cada vez mayor, afectando no sólo los recuerdos sino también la personalidad de quien la sufre. En su etapa final, el paciente no puede realizar las tareas más sencillas por su cuenta y debe recibir asistencia permanente.

Es poco lo que se sabe acerca de sus orígenes y es, en la actualidad, incurable, aunque su importancia es cada vez mayor: se estima que 47.5 millones de personas padecen hoy en día la enfermedad. Aunque no se sabe a ciencia cierta cuáles son sus causas, en general se acepta una combinación de predisposiciones genéticas, condiciones ambientales y hábitos modificables que incidirían en la aparición de la enfermedad. Se recomienda entonces una dieta equilibrada, hábitos intelectuales de “gimnasia cerebral” y un descanso adecuado como factores que podrían prevenir o retrasarla.

Una investigación reciente de la Universidad de Florida ha encontrado que el cerebro, al enfrentar situaciones de tensión y nerviosismo, produce una proteína llamada Beta-amiloide. Esta proteína, al alcanzar cierto nivel, desencadena el deterioro cerebral que conocemos como enfermedad de Alzheimer.

El estudio fue realizado experimentalmente, primero en ratones y luego en tejido humano, por el equipo del Centro de Investigación Traslacional en Enfermedades Neurodegenerativas de la Universidad de Florida. Su director, el Dr. Todd Golde, señaló que “estos factores blandos, no genéticos, son más difíciles de investigar”, puesto que no pueden aislarse completamente en condiciones de laboratorio. Es por ello que la investigación presenta un desafío doble: buscar nuevos métodos de análisis y reducir hábitos y condiciones ambientales estresantes que, entre otros males, también parecen influir en el Alzheimer.

La gestión cotidiana del estrés forma parte de los desafíos a enfrentar en el ambiente laboral. Su impacto económico ha sido demostrado recientemente: entre un 0,5 y un 3,5% del PBI se ve afectado negativamente por el estrés en el lugar de trabajo. Ahora, la investigación médica muestra el impacto que tiene en la salud neurológica de los trabajadores: generar un buen clima de trabajo, evitar la sobrecarga de tareas y responsabilidades y respetar los espacios de relajación ayudan en la reducción del estrés laboral y sus efectos adversos sobre la organización y la salud de los trabajadores.

Lo mismo es válido para nuestra vida personal: aunque a menudo soportamos condiciones estresantes en la medida en que nuestro cuerpo puede sostenerlas, lo cierto es que los efectos de esa manera de trabajar son duraderos y repercuten en nuestra salud futura. La relación con el Alzheimer nos da un motivo más para repensar el lugar del estrés en nuestra vida cotidiana.